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Gente, ese extraño espécimen

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Tras casi 9 meses de idas y venidas a Elche para alimentar mis conocimientos, podría decir que conozco perfectamente a ese cúmulo de seres que me acompaña a diario. Podría describirlos a todos y cada uno de los que recuerdo, pero no quiero, no tengo tiempo ni ganas, y carece de interés. Sin embargo, sí podría resaltar algunos comportamientos comunes, y tal vez incluso agruparlos. Bueno, basta ya de introducción, que me pierdo y luego no sé lo que iba a decir:

- Lo primero en lo que se fija uno cuando coge el tren a la misma hora de la mañana es que 40 chavales de entre 18 y 25 años le acompañan. Se dirigen a la universidad de Elche.
Aquí podríamos distinguir dos clases de universitarios: los solitarios (son los únicos de Alicante de su clase) y los coleguis (van en grupo a clase). Igual es cosa mía, pero a veces me da la sensación de que piensan que no tengo amigos, porque tan sólo me acompaña mi mochila a Elche (aunque a la salida de la estación voy en dirección contraria a la uni, así que...).

- Entre Alicante y Elche, el tren efectúa un cambio de dirección, es decir, que primero va hacia atrás, y en llegar a San Gabriel, cambia de vías y continúa marcha adelante y viceversa. El caso es que de Alicante a San Gabriel apenas hay 10 minutos escasos, mientras que el resto del camino es mucho más largo. Y siempre hay quien quiere ir marcha adelante. A la ida, tiene el sillón de forma que lo logra, pero luego se lo cambia de dirección. Yo prefiero empezar marcha atrás 10 minutos y el resto hacia delante, así sólo me preocupo de echar un sueñecito que buena falta me hace.

Creo que esos eran los neutrales, ahora vamos a los molestos:

- Una vez llega el tren a cada parada, quien quiera bajarse tiene que abrir la puerta manualmente. En realidad solo la abre el primero de la cola, el resto le sigue.
El caso es que hay gente que se ve que tiene un miedo horroroso a abrir la puerta, ya que si hay un rellano de los dos vacío, y dicho pasajero está más cerca del vacío, se irá al que tenga más gente para que le abran la puerta.
Si finalmente se va al rellano vacío, se alejará lo más que pueda de la puerta para que otro la abra.
Y otros prefieren esperar sentados a que el tren se pare completamente para poder elegir mejor la puerta “automática”.
Pero lo mejor es que no sólo ocurre con los pasajeros, sino también con los que esperan en la estación, que si por el cristal de la puerta ven que no va a bajar nadie, elegirán otra puerta. En fin...

- Y los más molestos de todos: los hiperactivos. No hay cosa que más toque las narices que estar espalda contra espalda con alguien que no deja de moverse y reposa violentamente una y otra vez su espalda en el respaldo del asiento, llevándote tú el zarandeo continuo.
Y una variante son los que se sientan detrás tuya, y no tienen nada mejor que hacer que clavar las rodillas en el asiento de delante.

Uff...

RadiandoSaliva - Click Click Boom!

05/06/2006 20:25 Autor: panoman. Permalink.

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Autor: ente maligo que habita en mota

antes me gsutaba montar en tren.
ahora, si puedo evitarlo, lo evito: es realmente molesto

Fecha: 05/06/2006 20:43.



Autor: Rutger

no sabes cuánto...

o igual sí...

Fecha: 05/06/2006 21:50.



Autor: chú

a mi me gusta
ademas, es mucho mejor que el autobus, seguro. Sobre todo si el puto autobus dura casi dos horas >

Fecha: 09/06/2006 00:27.



Autor: Rutger

Es lo bueno del tren, que no tiene problemas de tráfico

Fecha: 09/06/2006 20:47.


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