El desafío emancipatorio |
No puede ser tan fácil
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006.
Saludos a todos los lectores (xD) de este blog. No voy a dar explicaciones de por qué no he escrito todo este tiempo. Tan sólo diré que algo extraño me ocurre en los meses de julio y agosto que me entra perrería absoluta para escribir, así que digamos que estoy de vacaciones hasta septiembre. No sé muy bien cómo empezar (“por el principio”, diréis, pero la cuestión es que no sé qué poner como principio)... ... Bueno, a ver cómo me sale: Corría el verano de 2004 cuando me empecé a aficionar por la natación, aunque fue en el verano del 2003 cuando perfeccioné mi técnica. El caso es que por alguna razón, no sentía refrescante el hecho de estar en una piscina, aunque fuera para nadar y no para jugar. Entonces descubrí el secreto de mi compañero de natación: la ausencia de vello en las piernas. Sin pensarlo dos veces, cogí espuma de afeitar, una cuchilla y me afeité la barba. Acto seguido, utilicé la misma técnica para con mis piernas, de las rodillas hacia abajo. Cuando hube terminado, no dejaba de pasarme la mano por ellas, ya que ahora tenían un tacto suave y sedoso. Apenas una o dos semanas pasaron cuando de donde entonces había vello salió algo que no esperaba: pelos como púas. Al principio pensé que podría estar mutando en una especie de erizo humano, pero luego descubrí que la razón de ello fue la depilación a la que me sometí. Al cortar el vello, este vuelve a salir reforzado. Una experta en depilación (mi madre) me explicó que para solucionar el problema, habría que utilizar otro método de depilación: arrancar los pelos de raíz. Para ello me ofreció un par de máquinas diseñadas para dicho fin. Tardé dos eternas y dolorosas horas en volver a depilarme. Al terminar, pasó cerca de un día hasta que se eliminó la rojez de mis piernas. Volví a pasarme la mano y las volví a sentir suaves. Transcurrieron cerca de dos meses, volvió a crecerme el vello, eso sí, mucho más suave que antes, y me prometí a mí mismo no volver a depilarme. Pasó el tiempo... ... hasta el verano de 2006. Llegué un día a mi casa de correr con la bici (una de tantas veces). Cuando lo hago, suelo hacerlo sin camiseta, así aprovecho y me pongo moreno al tiempo que quemo grasas (aunque no estoy teniendo mucho éxito). En fin, que me miré en el espejo de la entrada, estaba sudado por completo, y me fijé en que, por alguna extraña razón (¿ilusión óptica?), el juego de luces y sombras de mi cuerpo marcaban mis músculos más que de costumbre, pero había un feo en mi pecho que rompía esa armonía: mi pecho lobo (entiéndase, los pelos del pecho). Inmediatamente, vino a mí la idea de qué pasaría si ese pelo no estuviese ahí. Aquí comienza mi aventura. Cuando me depilé las piernas, comenté el método que utilicé con mi compañero de piscina, y éste me contestó que hubiera sido mejor hacerlo con cera, así que esa fue mi primera opción para depilarme el pecho. Fui al Mercadona, y en la sección de cosmética y condones encontré tiras de cera fría Taky. Compré una caja que contenía 14 tiras, seguí al pie de la letra sus instrucciones pre-depilado, coloqué una tira en el pecho izquierdo, tiré y... se quedó media cera en la piel, un puñado de pelos en el papel, y la piel rojísima (del tirón, claro). Más que arrancarme los pelos, lo que dolió fue cuando me arranqué la piel con esa tira. Traté de conseguirlo un par de veces más, pero sólo logré lo antes descrito, aunque sin quitar pelos. Limpié los restos de cera de mi piel y desistí. Llamé a un colega para contarle mi aventura, y me recomendó otro método que él utiliza para depilarse todo “todo”: la Veet Rasera, que dura semanas. Compré el producto, me apliqué en una parte pequeña de la zona a depilar por si hubiera reacciones alérgicas a la crema, y tras esperar 24 horas (como dicen las instrucciones de uso) descubrí que era lo mismo que afeitarse, sólo que sin cuchilla. Pensé que si me depilaba todo el pecho (y la barriga) con aquello, a las 2 semanas volvería a mutar en erizo humano, así que, aunque no tuve ninguna reacción alérgica, decidí que sólo me afeitaría la pequeña parte en la que ya apliqué la crema (una vez hecho, ya no hay marcha atrás), y utilizar el método que me sirvió para las piernas: la infernal máquina depiladora. Una “buena” amiga me prestó la que ella utilizaba, que tenía una parte que se congela y el frío hace de anestésico, y con ello me convenció... 4 horas de insufrible dolor tuve que soportar para eliminar el vello del pecho y la barriga. El bloque de hielo de la máquina sólo sirvió para derretirse, y mi pecho quedó irritado al máximo. La promesa de que jamás volvería a depilarme quedó destruida por mi insensatez. Aún estoy padeciendo la hipersensibilidad que he adquirido en dicha zona, sobretodo en los pezones (qué curioso), y me he vuelto a prometer a mi mismo que jamás volveré a depilarme, aunque con una variante: si lo vuelvo a hacer, que sea con láser... Radiando “Franz Ferdinand - Take Me Out” “Ahora podrás navegar por Internet mientras hablas por teléfono, bla bla bla...” Eso rezaba el eslogan de un famoso proveedor de teléfono e Internet. Quizá no fuera un eslogan, sino simplemente un uso que podías dar a no escuchar el sonido del módem por el teléfono [quien alguna vez haya tenido 56 k (como yo, y otros muchos en este mundo) lo entenderá], y que no permitía hacer una llamada, porque ya estabas con una (con el servidor de Internet, se entiende). Pero esto no es de lo que quiero hablar exactamente. Ni siquiera hablar, tan sólo lanzar una pregunta a las (aparentemente) dos personas que leen y comentan en este blog (qué triste u_u ). Pero antes explicaré la razón: Por alguna extraña razón, me encanta hablar con mi ilicitana amiga jebi por teléfono, aunque el 90% de la conversación se base en su vida, pero aunque yo simplemente esté escuchando, no debo pulsar ninguna tecla del teclado, valga la redundancia. Ejemplo: Por alguna extraña razón, el colega Vicent se tira la vida hablando con su amiga Paca de no recuerdo dónde [no se llama Paca, y sé de dónde es, pero no lo diré para conservar su “póliza” de privacidad (como si a alguien le importara X_D )]. El otro día lo llamé al móvil porque el fijo no me lo cogía (¿o era al revés?), y surgió esta breve conversación: Por alguna extraña razón, últimamente salgo todos los fines de semana a la Ruta (entiéndase: zona de baretos jebis de Alicante) con mis amigAs del instituto (mis amigOs del instituto están casi todos en la UA estudiando informática y no salen. El resto, están perdidos). Concretamente ayer, nos fuimos a cenar a un chino, y en la conversación surgió esto por parte de la colega Jennifer: En resumen, que de nada sirve “navegar por Internet y hablar por teléfono al mismo tiempo”, porque te conviertes en una mala persona. ¿Por qué os molesta tanto estar hablando con un tío por teléfono y ese tío esté con el ordenador? |