El desafío emancipatorio |
No puede ser tan fácil
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Hace tiempo que quería escribir sobre esto, y como no tengo nada que hacer hasta septiembre (nueve meses, ¡como un embarazo!), pues aprovecho, que luego no podré. Mi abuela por parte de Madre, se llama Carmen. No son muchas, pero bastantes para mi gusto. Con la cantidad ciclópea de nombres que existen y que quedan por inventar, han metido a destrangis a seis Cármenes en mi familia materna. En mis tiempos mozos conocí a la primera Laura de mi vida. Yo recuerdo que casi estaba loco por ella, aunque a mí me atraía su pseudo-prima (porque compartían el primer apellido, nada más) Silvia. ¡Oh, sí! Y le encantaba Laura Pausini y Nek, el de “Laura no está”. Algún tiempo más tarde, en un foro jebis vs bacalas, conocí a una chica de Valencia, que, curiosamente, se llamaba Laura. Era del bando de los jebis, por supuesto. Luego, pasó lo de repetir curso. Al año siguiente conocí a Raquel, por medio de la cual conocí a Marta y por medio de ella, a... ¡Laura! (¡Chú!). De esta Laura no se me ocurre mucho que decir. Al menos, nada que no sepamos ya de ella. Una canción que jamás escuché: “Amo a Laura”. ¡Por Dios, cómo la odio! Empecé el curso de auxiliar. Allí estaba ella, Laura Gras. Ehm... de ella... diría que... me costaba mirarla a los ojos cuando hablaba con ella. Era mi sueño hecho realidad, mi rubia tet*** particular... ^_^ Por supuesto, también encontré a mi amiwita Christine, que me presentó a su peña: Pequeño Hermano, por alguna razón tiende a perjudicarme con sus actos, y... adivinad cómo se llama su novia. Un rato antes de terminar este post, he vuelto a ver el corto “La ruta natural”, cuyo protagonista es Divad, y está casado con Arual. ¿Una señal, quizá? La primera vez que escuché el nombre de Laura, me parecía precioso. Ahora, si en un futuro tengo una hija, no se me ocurrirá llamarla así. Jamás. |