El desafío emancipatorio |
No puede ser tan fácil
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Lunes, 5 de Marzo de 2007 Enésimo día de tocamiento abdominal. Por la tarde, Madre me manda a Correos a enviar un paquete y recoger otro. Me da para ello 100 euros. Le digo “Madre, me prestas 18 euros para comprarme un libro?”; “Claro, Hijo nº 2”, dijo ella, “cógelos de los 100 que te he dado”. Contento, feliz, y con algunos ahorrillos míos en la cartera, me dirigí a Correos, envié un paquete y el otro no lo pude recoger porque debía hacerlo al día siguiente de la recepción de su aviso. Enviar el otro paquete me costó 4 euros de los 100, ya quedaban 96. Me dirigí a Ateneo a por mi libro de 18 euros, y con mis ahorrillos, pensé comprarme un cómic que estaba esperando, si estaba, lo compraba, si no, pues no. Mirando, cogí el nº 7 de Sin City “Ida y vuelta al infierno” (el de 18 euros), Jóvenes Titanes / Outsiders: Los Infiltrados (el que estaba esperando) y X-23 Inocencia Perdida (aunque podía esperar, tenía mucho dinero encima para dejarlo escapar). Cuando me dirigí al mostrador ví algo que no esperaba: Final Fantasy VII: Advent Children en su versión doblada al castellano (¡Por fin!). Vi el precio, 18’95, y decidí esperar. En total me gasté 38 euros. Pensé que no tenía tantos ahorrillos en mi cartera, pero seguro que en casa sí. Luego arreglaría cuentas. Llegué a casa, hice cálculos y descubrí que me gasté en cómics todos mis ahorros: quitando los 56 euros del paquete a recoger, los 4 del enviado y los 18 de mi libro, debía sacar 22 euros para compensar las perdidas de los cómics. Me acosté temprano para leer en la cama durante unas dos horas. Cuando llegó Pequeño Hermano, le pedí el dinero que me debía más 6 euros, 10 en total, para usarlos junto con otros 10 de los 22 y comprar el ansiado DVD. Ya elaboraría un plan para blanquear el dinero sustraído. Como otros tantos millones de personas en este mundo, desgraciadamente soy propenso a sufrir erupciones de herpes tipo I (más comúnmente llamados “fuegos” o “calenturas”). Es la tercera vez en mi vida que me aparecen, y la primera que uso pomada, pero se ve que mi piel es un tanto quisquillosa, y al 4º día de tratamiento, aquella me quemaba esta, por lo que decidí dejarlo. No obstante, comprobé que también existía un tratamiento en forma de comprimidos, así que ese sería el objetivo del día. Por la mañana, Pequeño Hermano me dio la pasta que le pedí. Ya tenía 32 euros para gastar (mi plan consistía en convencer a Madre que me diera 10 de los iniciales 22 euros que sobraban para “gastos personales”). Por la tarde, mi ruta era Farmacia-Ateneo-Correos, así que me guardé todo el dinero en la cartera, y avisé a Madre de que iba a comprarme la medicina que necesitaba. “Oiga, por favor, quería Aciclovir en pastillas”, le pedí al farmacéutico. “Toma, Aciclovir 200 mg. Son 17’50”. ¿Habéis visto alguna vez algún anime o manga en el que todo el escenario se vuelve oscuro, y el personaje en escena se hace pequeñito? Pues yo era el personaje de aquella escena. Cuando compré la pomada, venía en un tubito de 2 g, y me costó 1’80 euros. ¿Cómo es posible que 5 g (200 mg = 0’2 g; 25 comp. x 0’2 g = 5 g) costase tanto? ¿¿No deberían haber sido 4’50 euros?? El dinero que le pedí a Pequeño Hermano lo perdí en mi no-tan-necesario medicamento. Pasé de ir a Ateneo, porque no me llegaría el dinero y le dije adiós a lo que tanto quería en ese momento. Llegué a casa con el paquete y me dice Madre “¿Cuánto queda de los 100 euros que te di ayer?”, a lo que yo le contesté “Pues...” y saqué todo lo que tenía en la cartera. No quería que supiera que las pastillas habían supuesto tanto esfuerzo. Y ella “Pues quédatelo y mañana te lo ingresas junto con los céntimos sueltos que hay ahí” (Madre había estado entubando las monedas de 1, 2 y 5 céntimos que nadie quiere, y en total había 16 euros. Mi salvación). Me apresuré en coger los tubos y subirlos a mi cuarto, donde los uniría a mi incompleta colección propia de tubos y el suelto de la cartera. Cuál fue mi sorpresa cuando en total conté 40 euros. Podía subsanar mi deuda dos veces. Afortunadamente, solo debía hacerlo una vez, y el resto me lo guardé. A primerísima hora de la mañana comencé mi tratamiento de pastillas rezando por que valiese la pena la inversión, volví a dormir y dos horas más tarde me levanté, desayuné y me dirigí al banco a ingresar ese dinero que tanto necesitaba, para después sacarlo del cajero en forma de billetes. Un poco más tranquilo, saqué mi “Harley”, fui a Ateneo, y le dije a la dependienta “Quiero la peli de Final Fantasy”. “18’95”, dijo ella. Hicimos el trueque y volví a casa. Por la tarde, después de comer, la vi tumbado en el sillón con una cerveza en la mano derecha y una bolsa de panchitos en la izquierda. Y en cuanto al argumento: Frodo muere...
Fecha: 08/03/2007 22:36.
Fecha: 09/03/2007 00:35.
Fecha: 12/03/2007 22:15. |